Staff
Nota
del Diario Clarín (21-6-03)
Objetos
de arte para los navegantes
Cecilia
de Castro
El joyero Daniel Taboada (46) y el escultor Alejandro Benarós
(41) encontraron un nicho inexplotado hasta el momento. Y
muy rentable, además: la orfebrería náutica.
Los dos estudiaron en la fundación Raggio; Taboada
joyería y Benarós escultura.
Después se perfeccionaron con el maestro Antonio Pujía.
Mientras tanto, uno trabajaba como joyero y el otro restaurando
antigüedades.
En 1993 Benarós estudia en el taller de la gran escultora
Argentina Mónica Chames, quien lo promueve a "crear
objetos de arte".
"Yo
siempre navegué y en 1997 hice el curso de piloto de
yate en la Prefectura. Cuando mis compañeros vieron
mis trabajos, me encargaron un pin de solapa en plata para
los graduados. Así nació la idea de hacer joyería
y esculturas con motivos náuticos", cuenta Benarós.
Pero
el uno a uno no les permitió despegar (o levar anclas,
habría que decir). "Era imposible competir con
la joyería importada", dicen. Así que cada
uno siguió con sus ocupaciones aunque en sus ratos
libres hacían diseños náuticos. En 2000
"ya teníamos cincuenta originales".
Hasta
que llegó 2002, los cacerolazos, la devaluación
y ahí sí. "Había llegado el momento
de soltar amarras", dice Benarós en lenguaje náutico.
Para
empezar publicaron avisos en revistas especializadas. Allí
ofrecían joyas y esculturas náuticas, con la
idea de que fueran para uso personal.
"En
el primer llamado telefónico nos pidieron los trofeos
para un club. Nada que ver con lo que ofrecíamos ni
el público al que apuntábamos. Teníamos
que cambiar antes de haber empezado", recuerda Taboada.
Pero
fue el mismo cliente el que les dio la clave: "Mi mujer
está cansada de tantas copitas, todas iguales. Ni yo
sé en qué competencia me gané cada una",
les dijo. "Ahí comprendimos que nuestro desafío
era diferenciarnos". En ese momento nacía Orfebrería
Náutica, su empresa.
Así
tuvieron claro el objetivo: debían transformar un trofeo
aburrido en un objeto de decoración y, además,
personalizado para cada competencia.
Entonces
hicieron diseños con faros, gaviotas, barcos de regatas
que permitan que el dueño, al verlos en la repisa de
su casa, reviva los momentos que lo llevaron a ganar el premio.
Hoy,
además de los trofeos también ofrecen joyas,
medallas y esculturas. El target principal es la gente de
la náutica, un sector con muy buen poder adquisitivo
y con mucho por explotar. "Todos los fines de semana
todos los clubes organizan competencias, eso implica que hay
gran consumo".
Los
precios de los trofeos varían entre los 20 y los 120
pesos, las joyas en plata arrancan en los $ 25 y las esculturas,
en los 80.
Pero
no se limitan a la náutica. El agua se convirtió
en un medio transmisor de clientes, gracias a los contactos
que hacen. Uno de ellos es el laboratorio Boehringer Ingelheim.
Todos los años Taboada y Benarós les hacen las
medallas para los empleados que se jubilan.
Entre
ola y ola surgió otro trabajo inesperado. Benarós
participó en la campaña Camel Art Collector,
que incluía al camello de la marca de cigarrillos representado
por artistas consagrados. "A mí me pidieron que
hiciera el camello según Botero. Hice una escultura
de tres metros y medio de alto", cuenta.
Y
la cosa no termina ahí. También hacen mascarones
de proa para embarcaciones antiguas.
Gran
parte del trabajo les llega a través de los navegantes,
sí, pero de los otros. Esos que surfean en la Web.
A través de la página "recibimos muchísimos
pedidos; tantos que estamos al borde de no poder tomar más",
aseguran.
"El
taller está en casa y trabajamos todo el día.
Tenemos la cabeza a todo vapor", dicen, sin abandonar
las alegorías náuticas.
Foto: Alejandro

Foto: Daniel
